La chica del puente

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Amar y ser amado es un eslabón de la vida, y sin amor, no existía razón para existir, pensó Ana Paula. Estacionó el Torino azul sobre el puente de una ciudad que no conocía. Antes de bajarse del coche, agarró la botella de whisky del asiento del acompañante. Bebió un largo sorbo y se limpió la boca con el dorso de la mano. Las últimas palabras de él aún susurraban en sus oídos. Le había dicho que había sido su flor exótica, la mujer que más había amado entre todas. Mentiroso, se dijo así misma, seguido de un eructo.

Un río pasaba por debajo del puente. Se acercó a la baranda y miró hacia abajo. No entendía como alguien tan oscuro, perverso y peligroso hombre conseguía todo lo que quería de ella. Decían que desperdiciaba su tiempo junto a él, pero también se contradecían al decir que ella era malvada, preciosa a lo lejos, un ángel caído. Intentó mantener el equilibrio y no caerse al suelo, a la vez que rajaba aún más el tajo de su pollera de tubo. Se quitó los zapatos y los arrojó al río. Cruzó una pierna por la baranda, luego, la otra. Quedó de espalda contra el hierro.

No podía amar al hombre que amaba, no, sí él ya no la amaba. Su ex-amante era conocido como el rey de los negocios y por sostener el mundo en sus ojos. Tenía un corazón vacío, pero no podía vivir sin él. Estadísticamente estaba comprobado que el suicidio era la segunda causa principal de muerte entre jóvenes, nunca creyó que formaría parte de esa estadística. Su estado de ánimo podía armar un jardín con flores muertas y de rosas negras, sus favoritas. Tomó otro trago de whisky y el líquido ardió en su garganta.

— Si fueses de la ciutumblr_ls7cwtmrKv1qg73bbo1_500dad, sabrías que en este puente está prohibido aparcar coches -le dijeron a sus espaldas.

Ella miró hacia atrás por encima del hombro. Quien le hablaba era un hombre que ocultaba su joven rostro tras una barba caoba. El extraño llevaba puesto un par de ojotas, bermudas beige y una ridícula musculosa que tenía una estampa que decía: Salven a los delfines.

— Después de viajar por varias horas, elegí esta ciudad para acabar con mi vida -le confesó, apuntándolo con su botella de licor.

— ¡Uau…! –exclamó él, llevándose una mano al corazón y continúo-: Como ciudadano ilustre, debo decir que es un honor que nos honres con semejante acto.

Él bajó la vista al suelo, pero de igual modo, pudo notar la mueca de sus labios. ¿Acaso se burlaba de ella?

— Si das otro paso, juro que me arrojo al río ahora mismo…

— De acuerdo, tú ganas –musitó, enseñando las palmas de sus manos-. Pero dime, ¿por qué haces esto, dulzura?

— ¡No me llames dulzura! –rugió, ceñuda-. Porque no lo soy –alzó el mentón y agregó-: Maté a un hombre, horneé su cuerpo y se lo di a mi gato.

El extraño abrió grande sus ojos marrones.

— ¿Eso fue lo que hiciste? -preguntó, sorprendido.

— No, pero hubiese deseado haberlo hecho.

Y ella lo decía en serio. El desconocido se inclinó hacia adelante y apoyó los brazos en la baranda. La miró de reojo con sus cejas unidas.

— ¿Por lo menos el hombre merece lo que pretendes hacer?

Ana Paula meditó su pregunta. A su ex-amante solo le importaba sus autos lujosos, su elegante traje azul y el dinero que guardaba en la caja fuerte. Era un lunático que le había hecho perder la cordura. Su mente era disneylandia para los psicoanalíticos. Sus caricias habían sido su perdición y adicción.

— ¿Sabes qué creo? –él prendió un cigarro y se lo llevó a la boca antes de proseguir-: Creo que tienes miedo de volver a amar y por eso buscas el camino fácil. Eres una mujer hermosa y luces ser inteligente. Estoy seguro que podrás encontrar…

— …Estás equivocado si piensas que soy inteligente porque uso anteojos –lo interrumpió, subiéndose las gafas un poco más por encima del tabique de la nariz-. Sólo soy corta de vista -le aclaró.

Alargó el brazo y le quitó el cigarro de los labios, luego, se lo arrojó al río.

— ¡Fumar hace mal a la salud! Estadísticamente está comprobado que el tabaco mata a casi 6 millones de personas al año.

Él entornó los párpados.

— ¿Y justamente me lo dice alguien que está a punto de suicidarse?

— Eso me recuerda que tengo un asunto que tratar y que es tiempo de que te largues -replicó, molesta.

El extraño le pidió un trago del licor, pero en vez de beberlo, lo derrochó al río.

— ¡Imbécil! –rugió, furiosa-. ¡Era un whisky importado!

— Ahora estamos a manos –dijo, satisfecho. Se quitó la musculosa, cruzó la baranda y se acomodó a su lado-. ¿A qué te dedicas?

Él parecía dispuesto a amargarle la existencia.

— Hago estadísticas…

— Eso explica todo. ¿Y se puede vivir de estadísticas?

— ¡Por supuesto que sí! Las empresas necesitan de estadísticas para evaluar su producto en el mercado. En el ambiente soy una de las más reconocida –lo ojeó de abajo hacia arriba y agregó-: Pero que puedes saber tú…

— Sé que desprecias todo lo que tienes. Y bien, ¿cuándo nos arrojamos?

— ¿Cómo dices?

— Digo que quiero regresar a casa temprano.

Ella parpadeó.

— ¿Y quién te retiene?

— Vamos, dulzura, ¿acaso tú no harías lo mismo por mí sí me hallaras en tu lugar?

— No.

Él soltó una carcajada.

— ¿Te diviertes a costilla de una mujer que pretende acabar con su vida?

— Una mujer que pretende acabar con su vida no hubiese elegido un puente como este.

— ¿A qué te refieres?

— Mira a tus costados, dulzura.

Echó una ojeada a su alrededor. Invocó a todos sus demonios al leer los carteles verdes con letras blancas que decían: <<Balneario>> <<Zona de salvavidas>>. Miró ceñuda al desconocido.

— ¿Y tú a qué te dedicas?

El extraño sacó un silbato de uno de los tantos bolsillos de la bermuda.

— A qué adivinas… -repuso, arrojándose al río.

Él sacó la cabeza del agua y la convidó a que se tirara. Ella se negó y su negativa provocó un estallido de risas por parte del salvavidas. Quería darle otra oportunidad a la vida. A su pesar, reconoció que el desconocido había aparecido en el momento indicado. Fue la bofetada que necesitó para resucitar de su estado somnoliento. Renovada, cruzó la baranda y se dirigió al Torino. Tenía en claro una sola cosa: El hombre planifica y Dios se ríe de ellos.

* La imagen no es de mi propiedad.
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