Residente forastero

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 Se sacudió los pies antes de ingresar al bar por la puerta de cristal. Buscó la mesa cercana a la ventana, con vista al afuera. Quería tener una mejor perspectiva de la lluvia que repiqueteaba contra el asfalto. La carretera se dividía por dos líneas amarillas, separando el norte y el sur. ¿De qué lado se encontraba él?

 Dejó su sombrero sobre la mesa y se quitó el saco, luego lo colgó en el respaldo de la silla antes de sentarse. La calefacción del lugar se deshizo del frío que traía de la calle. Café caliente, invierno helado, irresistible tentación. Le pidió al mozo que le trajera la infusión humeante en la taza Humphrey-Bogart-portrait-by-Yousuf-Karsh

  Su sensatez se esfumaba como el humo de su cigarro. Tomó una mano del mozo y le dejó un billete entre sus dedos. El hombre asintió con la cabeza y le hizo una seña para que lo siguiera. Agarró su chaqueta y se la colgó en el hombro, al tiempo que caminaba detrás de él. ¿Es que todo era cuestión de dinero? Como un falso predicador debía renovar sus votos. ¿Sabes de lo que hablo, verdad? De calentar la tierra y congelar los glaciales.

 Lo trasladó hacia la mesa menos deseable del elegante restauran, con vista al contenedor de basura que se hallaba en el callejón. Sobre su cabeza, una luz de neón se encendía y apagaba, apenas le permitía distinguir sus manos. Trajeron su café junto a un rociador con fragancia a menta, para que apaciguara el olor de la nicotina. Sonrió. Tuvo un retroceso a su adolescencia, cuando fumaba a escondida de sus padres y ocultaba el olor de su alcoba con insecticidas.

  Las bolsas de basura del contenedor se movieron. Se reclinó en la silla para tener una mejor vista. Un hombre que vestía un deshilachado tapado hurgaba entre los deshechos. Del bolsillo de su abrigo sobresalía el cuello de una botella. ¿Alguna vez habían visto a un hombre arruinado luchando para sobrevivir? Mendigar por un puñado de respeto. Desde que se salía del útero de la madre, las palabras de amar al prójimo inundaba en nuestras mentes ¿pero quién había amado a este hombre? Quien cabalgaba bajo la lluvia y ahogaba sus penas con una botella de licor.

  Las personas suelen calificar a su semejante como extraño cuando se encuentra en la desprestigiada base de la pirámide, ¿pero no saben que el extraño puede levantarse del polvo? Como el fénix, una vez y otra vez. Simplemente, el viento sopla bajo las alas y te eleva. Pero lo más gracioso de esta parábola es que cuando el extraño sube a la cima, los de abajo también le resultan extraños.

  ¿Pero quién era él? ¿Alguien que esperaba hacer de las nubes coronas? ¿O era un caminante más de la muchedumbre? Se conformaba con saber que era un residente forastero, alguien que viajaba hacia el centro de la tierra en busca de respuestas. Podía dejar a la noche sin estrellas y hacer que se viera a través de sus ojos el estallido de una supernova.

  Acabó su café de un trago. Apoyó el codo en el respaldo de la silla, mientras le daba una calada a su cigarro. Por la puerta principal había ingresado una despampanante mujer, rodeada por caballeros que harían cualquier cosa para complacerla. largeElla miró hacia las sombras que lo ocultaban. Su mirada guardaba su belleza melancólica. La luz de ese sector del salón enceguecía, pero más enceguecía su resplandor. ¿Era una chica afortunada? ¿O más bien era un ángel perdido?

  Arrojó una moneda al aire para encontrar una respuesta. El azar le decía que vivía en un espejismo de la realidad. ¿A quién engañas, cariño? ¡Vamos, nena, dilo! Di que el colorete de tus mejillas y tus labios color fresa, ocultan cuanto tu mundo te agobia. Niña del fuego, ¿por qué haces de ti misma una prisión?

  Dio la última calada a su cigarro y lo apagó con la borra del café. Tal vez se debía hacer que el sol destruyera la oscuridad de la noche. Tal vez se necesitaba que los ojos fuesen intervenidos quirúrgicamente para ver en colores. Tal vez tener un país hecho de pétalos, pero la historia se había hecho con flores que se habían marchitado en el crudo invierno. Simplemente, éramos la inconclusa marcha fúnebre de Mozart. Su reloj le decía que había llegado la hora de marcharse. Le dejó propina al camarero y salió por la puerta de cristal.

* La imagen no es de mi propiedad.
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