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  1. Pingback: De amor y de odio…

  2. Hace muchos años escuché a unos niños hablando de las cosas que necesitaban para ser escritores y se decía que debías entrar al mundo de la droga, los narcóticos, etc. Otros decían que debías estar loco; mi novia (en ese tiempo, por ejemplo, no sé que tenía en su cabeza), estaba pirada y siento que creía que debía llevar una vida desenfrenada. Durante ese tiempo yo llevé un seminario de Samuel Beckett, el cual después de leer algo tan indescriptible me di cuenta de que no es necesario estar loco, ni beber litros de ajenjo (como algunos escritores del XIX), ni violar mujeres, ni asesinar tipos en la calle, etc. como decía Faulkner es 99% escritura, o como decía García Márquez el oficio de escritor es de nalgas. Y ahora es lo que hago, recordar a los tipos y tipas dementes y escribir sobre ellos. Le doy gracias a Dios por haber puesto a tanto tipo loco y demente en mi vida, ahora puedo escribir y dotar de sentido mi escritura.

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    • Jaja… gracias por compartir tu anécdota! Pienso igual, no siempre experimentar va ligado a la escritura. Y ahí es donde se ve el trabajo del escritor, la creatividad e imaginación, viajar con la mente hacia los lugares que se te ocurran y explorar diferentes facetas de personalidades. Y por suerte, como decís, el mundo está plagados de personas extrañas que sirven de musa e inspiración.

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  3. Pingback: Los diez mandamientos del escritor, de Stephen Vizinczey | Valeriam Émar – Huellas Literarias

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